¿Por qué convulsiona Brasil?

El reto de Dilma y el Estado brasileño

ANTIGUA BANDERA BRASILEÑA, VIGENTE DEL 15 AL 19 DE NOVIEMBRE DE 1889

Antigua bandera brasileña, vigente del 15 al 19 de noviembre de 1889

Con la inauguración de la Copa Confederaciones en los estadios de Brasil, también se inauguraron un conjunto de manifestaciones masivas de descontento popular en las calles de las ciudades brasileñas, ampliamente dadas a conocer por lo medios, también masivos, de comunicación. La pregunta que se hace en diversos círculos ciudadanos, académicos, políticos, es ¿por qué convulsiona el gigante sudamericano?

Después de haber sido una de las regiones más comprometidas con la vía de desarrollo neoliberal en la década de los noventa del siglo pasado, Sudamérica inició un viraje hacia la búsqueda de un modelo de desarrollo en perspectiva posneoliberal, apuntalado por la emergencia de China como gran potencia y demandante masivo de materias primas sudamericanas. En el espectro de naciones del sur de América que comenzaron este recorrido, Brasil y Argentina son las experiencias más avanzadas. Lo anterior implica, un replanteamiento de la estrategia de desarrollo bajo premisas nacionales, que se enmarca en dos fenómenos contemporáneos de gran alcance. El primero de ellos, es la emergencia desde los años ochenta del siglo XX, de una nueva fase de desarrollo o capitalismo del conocimiento, cuya dimensión espacial es la globalización; el segundo, es la reciente crisis de la vía de desarrollo neoliberal atlántico-hegemónica, teniendo a la glocalización como su dimensión escalar-espacial.

En este amplio marco socioeconómico-político e histórico, a escala global hay un proceso de construcción superestructural para la conformación de una nueva forma de Estado, que se corresponda con la estructura económica derivada del auge del sector electrónico informático y de las telecomunicaciones, y su ensamble con el modo de producción toyotista-hondiano. Con este nuevo patrón industrial consolidado en el seno de la solución al conflicto capital-trabajo, la proyección superestructural de esta nueva lógica es un constructum social-global, del cual Brasil no está exento.

En el primer semestre de 2012, Joao Stédile, líder del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, ofreció una entrevista para CNN México, en la cual planteó dos ideas principales. La primera es que el gobierno de Lula da Silva había significado sólo un alto en la aplicación abrasiva del neoliberalismo en Brasil, dejando una tarea inconclusa; la segunda se refiere a la responsabilidad de Dilma Rousseff para implementar el proyecto histórico de izquierda en el país. Es decir, en el liderazgo de Rousseff está la posibilidad de sepultar la vía de desarrollo neoliberal y sustituirla por un modo de desarrollo posneoliberal, avanzado de izquierda, acorde a la nueva fase, que permita el despegue final del gigante sudamericano como potencia a escala regional y global.

Las manifestaciones que hoy vemos en las calles de Brasil son la expresión de este profundo proceso de construcción social, que tiene lugar en la nueva fase de desarrollo con su vía de desarrollo hegemónica en crisis. Es la lucha por la construcción de una nueva hegemonía nacional a partir de la reconfiguración o sustitución de la matriz del bloque histórico en Brasil, que conduzca a la conformación de un nuevo Estado con una vía de desarrollo distinta. No es casual que entre las principales demandas de la población, se encuentren el transporte, la educación y la salud, todos ellos elementos fundamentales del capitalismo del conocimiento.

El gran reto de Dilma y de la sociedad brasileña, es la reconfiguración del bloque histórico a partir de una nueva hegemonía, entendida como un conjunto de acuerdos e intereses entre las clases dominantes y subalternas, que logre perfilar un nuevo Estado, con una vía de desarrollo alternativa bajo premisas nacionales. En el horizonte, se encuentran las avanzadas experiencias de los países nórdicos, particularmente Finlandia, que en los años noventa logró incorporarse en la nueva fase, a partir de un gran acuerdo nacional en torno a la innovación y el aprendizaje, con un renovado pacto social, que toma forma en el Estado innovador, como proyección superestructural del capitalismo del conocimiento.

Carlos Sánchez.

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Una respuesta a ¿Por qué convulsiona Brasil?

  1. Ricardo Vega dijo:

    Estupenda síntesis del marco general en que se desenvuelve esta coyuntura. Estoy de acuerdo con la tesis central que planteas: desde cierta perspectiva el periodo de Lula puede ser entendido como el ancla que frenó la profundización del neoliberalismo en Brasil. En este sentido, los recientes acontecimientos parecen mostrar que Dilma no puede seguir en la fase de freno (entre lo viejo que no acaba de morir y lo nuevo que no acaba de nacer) y prolongar la transición hacia un proyecto post-neoliberal, Solo hay que tener en cuenta que existen varios proyectos en juego en Brasil y en América Latina, por lo que habría que preguntarse ¿Qué ha pasado con las fracciones de las clases dominantes que fueron las propulsoras y beneficiarias del neoliberalismo,? Acaso han desaparecido? Las respuestas a estas preguntas parecen apuntar a que estas fracciones siguen vivitas y colenado; por ejemplo, tenemos el caso de ciertas notas de prensa que han recogido declaraciones de algunos adherentes del MPL según las cuales en algunas manifestaciones ciertos grupos de personas han gritado consignas a favor del regreso de los militares al gobierno. Es decir, si bien parece que esta coyuntura muestra que el gobierno brasileño no puede seguir en la indefinición por más tiempo, no necesariamente debemos esperar que esto conlleve a dar el paso definitivo hacia el post-neoliberalismo, pues hay otras clases y fracciones que también están en el juego, que operan políticamente y que le apuestan al regreso de sus privilegios, al neo-neo-liberalismo. El resultado de esa disputa entre proyectos aun no está definido.

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